8/5/10

El “Efecto Mozart”


Una glosa sobre Mozart y la inteligencia

(Versión original aparecida en la sección “Streiflicht” de Süddeutsche Zeitung, 6 de mayo de 2010)


La repetitiva tendencia de Mozart a enamorarse de sus alumnas de piano es famosa, y aún es imitada con gran placer por los profesores de piano de hoy en día. Pero si hubo una de la que a Mozart ni siquiera en sueños se le ocurrió enamorarse, fue ella “la señorita v. Auerhammer”, como alguna vez la catalogó, es decir la pianista Josepha Barbara Auernhammer. Josepha tenía los dedos más veloces que uno pueda imaginar – pero no era precisamente una belleza. En una carta escrita a su padre, Mozart dice que si un pintor quisiera representar “con toda naturalidad” al diablo, “debería inspirarse en su rostro”; es gorda como una campesina y “suda tanto que produce náuseas”… Es de suponer que la mujer también sudó bastante en noviembre de 1781, pero qué importaba entonces, si uno piensa en la obra maestra que compuso en aquella ocasión junto a Mozart: la “Sonata para dos pianos en Re mayor” KV 448. Según Mozart, fue “todo un suceso” y habría de convertirse en una de las obras más brillantes de la historia de la música para piano.

¿Qué más podría desear una sonata? Y eso no es todo: el destino tenía reservado incluso otro puesto de honor para ella. En 1993, un grupo de investigadores estadounidenses dirigido por Frances H. Rauscher, reportó que la representación espacial de estudiantes había mejorado significativamente tras escuchar la KV 488; una novedad que pronto recorrería el mundo en versión resumida, y cuyo núcleo se anidaría en el corazón de la humanidad bajo el nombre de: “Efecto Mozart”. Desde entonces se afirma en todas partes –y, a juzgar por la popularidad de Mozart, de modo irrebatible– que la música del niño prodigio no sólo alegra, sino además hace más inteligente. Desde entonces, nadie confía en las apariencias, que le indican que entre los fanáticos de Mozart se hallan tantos idiotas como entre los fans de otros “eventos”, y así, cuando alguien particularmente imbécil sale de una première de Mozart, todo el mundo le chanta la culpa al director de la ópera.




Pues bien, investigadores vieneses acaban de mandar a recoger esta teoría tan genial. El “Efecto Mozart” pertenece ciertamente a uno de los mitos más poderosos de la psicología popular, pero quien espere de la música de Mozart un aumento de sus capacidades cognitivas experimentará un cierto desengaño. Era casi de esperarse, desde que la teoría de cuerdas, según la cual incluso las ratas se vuelven más avispadas, fue refutada al mostrar que las ratas sólo perciben tonos a partir de una octava por encima del Do central – por lo cual ni siquiera se enteran de la música de Mozart. Qué desgracia, o como Mozart bien habría dicho, caro mio, Druck und Schluck! Eso sí, nadie será tan estúpido como para renunciar a la Sonata KV 488. De seguro no percibirá mejor el espacio en torno al CD-Player, pero sí verá mejor cómo el cielo se abre y se abre ineluctablemente ante sus ojos.